TANI TANI Boletín electrónico, Nr.384- Año V, 20 de agosto 2010  

 

"De Pachamama a Pachamama"
 Por Muruchi Poma/18-08-2010

Mientras los bolivianos quieren la basura de industrialización, los autores originarios de esa ya están de vuelta. Javier Medina alguna vez escribió acertadamente que la costumbre en Bolivia es querer hacer la industrialización cuando ya pasó su época. Y a los que defendemos a la pachamama y sus principios nos tildan de pachamamistas. ¿Qué ironía no? Bueno, nunca dije que debiéramos vivir sin luz, es decir sin tecnología moderna. Ni creo haber entendido a otros defensores de la pachama en ese sentido. Tecnología moderna, pero una verdadera, la necesitamos pero sin dañar a la pachamama, y eso es posible.

En el proceso de la elaboración de mi libro y del amigo alemán Günter Buhlke, “Qhapaq Ñan y Socialismo”, me topé uno de estos días con un libro titulado: “Die nächste industrielle Revolution Die Cradle to Cradle-Community”[1] (La Próxima Revolución Industrial La Comunidad de la Cuna a la Cuna). Como autores figuran Michael Braungart y William McDonough. Al inicio no entendí exactamente lo que querían decir con “Cradle to Cradle”. No sabía si se referían a la cuna del humano u otra cosa. Busque el libro porque necesitaba refrendar con últimos conocimientos científicos los conocimientos ancestrales, en este caso, de los incas sobre el manejo de energías naturales en la construcción de sus qolqas (depósitos) y sistemas de riego. En la emocionante lectura del libro me topé con aquella parte de la interesante historia de Braungart. Este científico alemán recibió la tarea de viajar a Brasil por encargo de Alexander Krauer y Ciba-Geiya. Debía investigar en diferentes culturas y encontrar lo que significa sostenibilidad. Y vean a quienes visitó Braungart. Nada menos y nada más que a los indígenas de Yanomani de Brasil.  Y allí aprendió, escribe el autor, lo que puede significar el “Nährstoff-Managament” (manejo de sustancias nutritivas). De lo que escribe el químico no trasciende ningún prejuicio, y lo pone en blanco y negro en su libro: “Los habitantes de la selva incineran sus muertos y mesclan las cenizas con el puré de plátano, que la ingieren los de la tribu en un acto ritual.”[2] Quedé pensativo largo rato sobre eso.
 
Esa historia abrió las células de mi cerebro en varias direcciones. Hace poco tuvimos una discusión acalorada con mis amigos alemanes (con quienes estamos editando un libro titulado: “Bolivien imUmbruch. Der schwierige Weg der Neugründung”[3] ) sobre el término “salvajismo” utilizado ya por Morgan(1818-1881). Mientras ese sujeto, cuya teoría asumió F. Engels[4] , a civilizaciones precapitalistas las catalogó en estadios de de  “barbarie” o “salvajismo”, ahora siglos después, un científico alemán aprendió de los originarios de Brasil lo que significa el manejo de sustancia nutritivas y sostenibilidad. ¿Un científico aprendiendo del “indio salvaje”? ¿Qué locura no? En verdad, uno, si quiere aprender, tiene que despojarse de todo perjuicio racista, fue mi conclusión. ¿Será que la vida ya no está al revés? Recordé haber leído a Guaman Poma, quien dijera que el mundo estaba al revés comentado la invasión de los españoles. Pero claro que las empresas capitalistas y su sistema estaban y están detrás del dominio de conocimientos que les de ventaja a sus competidores y otros países. El mantenimiento de las relaciones de poder actuales es su objetivo. De ahí, que una verdadera liberación será posible sólo en base al dominio de los mejores conocimientos.

Cuando leí la historia de Braungart, recién entendí lo que significa Cradle to Cradle, que traducido al quechua o aymara tendría que ser: de Pachamama a Pachamama. El químico cuenta en su libro como se deshicieron del principio “de la cuna al sarcófago”, para mí el principio suicida del capitalismo, donde un recurso natural como el petróleo pasando por su estado de industrialización en realidad muere, no vuelve al ciclo productivo orgánico. Más al contrario, el sistema lo convirtió en un elemento dañino. Braungart indica el fracaso evidente del sistema de reclycling que al final es downcycling, pues la basura queda. Muchas materias primas ya no son posibles recuperarlas en las mismas cualidades, algunas se pierden incluso definitivamente. A comparación de la primera revolución industrial, su propuesta contiene: no dejar ningún elemento dañino al aire, agua y suelo; medir el bienestar con el capital natural que nosotros podamos recoger  en forma productiva; medir la productividad con la cantidad de personas ocupadas racionalmente y beneficiosamente; medir el desarrollo con la cantidad de edificios que no tengan chimeneas dañinas; no producir algo que signifique carga para las próximas generaciones; celebrar la abundancia de diversidad biológica y cultural, así como la energía solar.[5]

 El futuro es el pasado

Uno de los principios que plantea el libro es: “basura significa nutrición”. En los hechos no hay basura. La sustancia orgánica que fue el inicio del proceso de industrialización termina en elemento orgánico, vuelve a ser nutriente del suelo. En otras palabras, el pasado orgánico después de su tránsito industrializado, es decir que en su momento fue el futuro de la materia orgánica, vuelve a su pasado original. Primero estaba la substancia orgánica en su forma de lana, luego se la industrializa y adquiere su forma de hilo y “T-Shirt” bajo condiciones especiales donde sustancia dañinas son excluidas, después vuelve a su estado original, se la puede utilizar como compost, orgánicamente degradable. “Ciclo biológico” lo llama el químico alemán. Esto me permite afirmar que justamente esa es y fue la filosofía de nuestros antepasados: quipapacha (en quechua), el futuro es el pasado. Ese es uno los pilares del pensamiento andino amazónico, otros lo llaman la cosmovisión indígena. Baungart  posiblemente no esté consciente de eso, pero su propuesta del “ciclo biológico” y del “ciclo técnico” presupone, a mi entender, ese principio filosófico. En el ciclo biológico, el producto industrializado, según el alemán, vuelve a su “substancia nutritiva orgánica”. En el ciclo técnico, así una silla u otro objeto industrial, la materia prima no renovable se rescata en sus niveles originales de valor, a lo que llama “substancia nutriente técnica”. Bajo ese principio, la chatarra no debiera quedar en el basural, sino servir para un producto igual o superior.

Por el libro nos enteramos que aproximadamente 500 corporaciones de renombre mundial capitalista están ocupados con esa tecnología. De hecho el libro presenta  30 empresas de esa naturaleza. Holanda quiere gastar el año 2012 cerca de 40 mil millones solo para la compra de esos productos. Cerca de 2 millones de personas estarían ocupadas en Limburg, Holanda, con ese sistema de producción. Bueno, quién quiera producir bajo el principio de Cradle to Cradle debe tener el visto bueno de expertos como Braungart.


 [1] Braungart, Michael. McDonough, William. Die nächste industrille Revolution Die Cradle to Cradle-Community. Hamburg, 2009.
[2]Ibíd. P. 27
[3] Bolivia en el Cambio. El díficil camino de la refundación. El libro será editado en septiembre.
[4] Vea la obra  de Engels: „El origen de la Familia  La Propiedad Privada y el Estado”

[5] Ibid. P. 35